Por qué nació Sahania

Hay un mantra en sánscrito que maestro y estudiante recitan juntos antes de empezar a estudiar. Se llama Om saha nāvavatu. Pide cuatro cosas: que los dos trabajen con energía, que lo que aprendan sea luminoso, que lo hagan juntos y que no haya discordia entre ellos.

Saha significa "juntos". De ahí viene Sahania.

Lo cuento porque Sahania nació de la discordia.

Sebastián y su hijo Borja, juntos, en una ilustración con los colores de Sahania

Mi hijo Borja estaba en 7° básico. Yo soy papá soltero y cada semana se repetía lo mismo: una prueba que se acercaba y una discusión sobre qué había que estudiar. Él no sabía bien. Yo tampoco. El temario estaba en la plataforma del colegio, la fecha había llegado por el grupo de WhatsApp del curso, la guía estaba en una foto en el celular y el resto en el cuaderno. El material existía, pero estaba repartido en seis lugares distintos, algunos de papel y otros digitales, y juntarlo era una pelea antes de la pelea.

Probé las herramientas que había. Todas hacían lo mismo: le daban la respuesta. Rápido, bien escrita, lista para copiar. Y eso era justo lo que yo no quería. No necesitaba que algo le resolviera la tarea a mi hijo. Necesitaba que algo le hiciera la pregunta correcta y esperara.

Así que armé algo chico, para Borja nada más. Le saqué foto a las guías, les escribí a sus profesores para saber qué estaban viendo esa semana, y construí una IA que no entregaba respuestas: daba pistas, preguntaba, esperaba. Borja la probó y le gustó. A mí me pasó algo distinto: por primera vez sabía cómo iba sin tener que interrogarlo. La discordia bajó.

Otros papás del curso la quisieron. Después el colegio quiso verla. Lo que les gustó no fue la tecnología. Fue que había nacido de un papá, para un curso real, con el material real, y que no hacía trampa.

Por eso Sahia es una ampolleta. No porque la IA sea la luz: porque la luz se prende en la cabeza de tu hijo cuando entiende algo solo. Sahia alumbra el camino, no lo recorre por él. Enseña, no resuelve.

Aprender de verdad no es que te den la respuesta. Es descubrir que podías encontrarla. Y hacerlo juntos.

Seba, apoderado del colegio Everest

El mantra

Om saha nāvavatu, saha nau bhunaktu, saha vīryaṃ karavāvahai, tejasvi nāvadhītam astu, mā vidviṣāvahai.

Que nos proteja a los dos. Que nos nutra a los dos. Que trabajemos juntos con energía. Que nuestro estudio sea luminoso. Que no haya discordia entre nosotros.

Shanti mantra del Taittirīya Upaniṣad, recitado por maestro y estudiante antes de la lección.